Se trata de Liliana Esther Rodríguez, psicóloga de Julián Bartoli, el segundo denunciante del cura Eduardo Lorenzo. En su declaración ratifica todo lo dicho por el joven y detalla las secuelas que tuvo.

Cada vez se suman más testimonios y pruebas en contra del denunciado por abuso sexual y corrupción de menores, el cura Eduardo Lorenzo. Este miércoles 30 de octubre, Liliana Esther Rodríguez, psicóloga de Julián Bartoli y una de las creadoras de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina, prestó testimonio y dio más detalles del tratamiento que el joven comenzó en abril y aún continúa por los abusos sufridos por el cura.

Actualmente el cura deberá presentarse a la primera de las tres pericias psiquiátricas el jueves 31 de octubre en la Dirección de Asesorías Periciales de La Plata. Además, la fiscal Ana Medina debe definir si da lugar o no al pedido de “detención de Lorenzo” por un “inminente peligro de fuga“.

Según se desprende de la causa, Rodríguez explicó que “Julián llega a la consulta sumamente angustiado, preocupado y asustado. El detonante principal en esta historia que trae de haber atravesado esta situación tan traumática que es un abuso, es justamente su condición de ser padre (…) Era evidente para la mirada y la escucha profesional de mi disciplina, las secuelas y los efectos que había en Julián de aquello vivido en su adolescencia”.

De esta forma, detalló que “el momento de mayor angustia para Julián era el momento en el cual Ignacio, que es su primer hijo, le daba besos en el cuello. Esto inevitablemente lo llevaba desde el punto de vista emocional, al momento en que él, siendo un niño, había vivenciado esta situación con el cura Lorenzo”.

A la hora de hablar de las secuelas específicas en Julián Bartoli, Rodríguez dijo: “Sufría de trastornos como diarreas recurrentes, dolores de cabeza donde no había una sintomatología biológica, sueños a repetición, pesadillas y terror a encontrárselo, a verlo por la calle. Esto hace que Julián, que todavía persiste, tenga un estado de alerta permanente, de vigilia”. Y agregó: “Los daños producidos por un hecho, que son las marcas que quedan en el psiquismo y que van mostrándose, sin palabras, se ven en las características como en una gran carga de ansiedad, de querer controlar todas las situaciones. Estos son los datos que las personas no pueden definir, ni ponerle palabra, son los datos que clínicamente corresponden a los daños, a las marcas”.

Respecto de por qué el joven tardó casi veinte años en poder denunciar a Lorenzo, la psicóloga explicó que “las personas que han atravesado estas situaciones traumáticas, conviven durante mucho tiempo con el secreto, con no poder hablar. En el caso específico del abuso eclesiástico, esto se ve reforzado por la figura de quien ha agredido, porque es una figura de muchísima confianza para un niño. No es casual que se denomine en el marco de la iglesia católica como ‘padre’, es decir tiene una connotación personal, social, cultural, sumado a lo que se denomina ‘secreto de confesión’ que va hundiendo cada vez más para poder hablar”.

Durante la declaración, el doctor Gascón, defensor del cura Lorenzo, preguntó si “es necesario que Lorenzo esté condenado para superar el trauma de la víctima”, a lo que la psicóloga respondió: “Es sumamente importante para la recuperación de Julián y de todos aquellos que hayan sido víctimas porque es necesario para poder darle un cierre (…) El cierre que le puede dar una persona a ese proceso de su vida es la decisión judicial”.

Fuente: medianews